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Es un tema interesante. Indudablemente, cuando hablamos de calistenia delante de personas mayores de 50 años, el primer pensamiento suele ser: «imposible», especialmente si han llevado una vida sedentaria.
Ahí es donde entra lo más bonito de esta fascinante disciplina: su carácter progresivo, que nos permite avanzar desde acciones básicas como sentarnos y levantarnos, o incluso ponernos en cuclillas y agacharnos, hasta convertir esos pequeños pasos en grandes logros para muchas personas.